Pareciera mentira que en una oportunidad donde se habla de amor, esté llena de tanta crueldad, odio, rencor, envidia e ingratitud.
Recuerdo la triste historia de un niño venezolano que deambulaba por los alrededores del antiguo terminal de pasajeros de la capital, merodeando y buscando un pedazo junto con otros niños que habían corrido la misma suerte por el alcohol, la droga y falta de amor.
Una noche este niño, después de haber realizado su acostumbrada rutina, dominado por el sueño y el cansancio fue a recostarse donde era ya su costumbre, en el deposito de basura de aquel terminal, entre los cartones y desechos. Su cobija era periódicos y retazo de papel. El frió de la noche le azotaba, pero gracias a su tamaño se metió en un bote de basura y se echo encima aquellos recortes de periódico y papel, que en aquel recolector de basura le brindaría el calor que su hogar un día le negó; allí se quedo dormido esperando que llegara el otro día para continuar mendigando en las calles de aquella gran ciudad. Pero lamentablemente los trabajadores del aseo llegaron antes de que el despertara, bruscamente vaciaron los desechos desperdicios y toda aquella basura en el camión recolector y allí iba también aquel niño.
Enseguida, la pala mecánica de aquel camión apretó toda
aquella basura y un chorro de sangre fue lo que indico que allí había un ser
humano. Pareciera algo contradictorio se dice que los niños son el futuro de
una nación y la basura sabemos que es el desecho, desperdicios, lo que no
sirve, etc. Cuando estos se unen de la manera antes mencionada no podemos decir
¡qué cosa anda mal!, ¿Quién tuvo la culpa?.
Hay quienes preguntarían, ¿Dónde estaba Dios en ese
momento?. Otros culparían al Gobierno,
otros a los padres del niño y otros tal vez a los trabajadores del aseo. Pero
hay una respuesta.
Nuestros pecados, nuestra indiferencia a Dios, nuestra apatía
por las cosas espirituales, nos llevan a comportarnos de una manera irracional
y no nos damos cuenta hasta que vemos suceder delante de nuestros ojos hechos
tan dantescos y escalofriantes como el mencionado en este relato, y lo más
impactante, es saber que somos los protagonistas de horrendo sucesos y que Dios
ha cumplido su parte y somos nosotros los que hemos fallado.
La biblia dice: “Y
como ellos no aprobaron tener en cuenta a Dios, Dios los entrego a una mente
reprobada para hacer cosas que no convienen”. (Romanos 1:18). Pero si en
esta hora reconoces tu error y te vuelves a Él con todo tu corazón, el limpiara
tu alma y te hará una nueva criatura y pondrá en tu corazón el amor y la
sensibilidad que has perdido.
Si deseas puedes repetir esta oración: “Señor Dios del
Universo, te pido perdón, por mis pecados y los errores que he consentido, límpiame
Jesús con tu sangre, entra en mi corazón ahora y dame amor y vida eterna”,
Amen.
Por: Isidro Rodriguez.

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