Se cuenta de un hombre, que encorvado por el peso de los años y la gran amargura que llevaba su alma, caminaba de tumba en tumba, en un cementerio, cerca de la ciudad de Indianápolis, Estados Unidos.
Al llegar frente a la que buscaba, cayó de rodillas y dijo
estas palabras:
-¡Oh, hijo mío! ¡si yo hubiese sido un padre diferente
cuando te crie. Si hubiese servido a Dios y te hubiese guiado por el camino
recto! ¡Oh, hijo mío, perdona mi
negligencia!
Ese hombre era el padre del famoso criminal norteamericano Dillinger,
enemigo número uno de la nación el cual cayó abatido por las balas de la policía.
Esta historia revela uno de los más graves problemas de
nuestra sociedad: la irresponsabilidad paterna. Pero en este caso me
refiero a lo que reseña la palabra: “Y estas palabras que yo te mando hoy, estarán
sobre tu corazón; y las repetirás a tus hijos, y hablaras de ellas estando en
tu casa, y andando por el camino, y al acostarse, y cuando te levantes.” (Deuteronomio
6:6-7).
Esta exhortación es en primer lugar a los padres, para que ellos vivan de acuerdo a lo que enseña
Dios en la biblia, y en segundo lugar, para
que la enseñen a sus hijos en todo momento. La razón está en la biblia: “Instruye
al niño en su camino, y aun cuando fuere viejo no se apartara de él.” (Proverbios
22:6).
Aquí está el secreto para que en el mañana, nuestros hijos,
sean temerosos y respetuosos de las cosas de Dios, y útiles a la patria.
El diablo siembre su veneno del ateísmo, la evolución, el
comunismo, etc. En las mentes de nuestros hijos en la televisión y centros de
enseñanza. Los resultados, serán dolorosos más tarde. Te invito a orar por sus
hijos. Me arrepiento, y quiero entregar mi vida a ti y te pido que me ayudes
para enseñar ahora a mis hijos.
Por: Jose Rafael Pino.

No hay comentarios:
Publicar un comentario